DUELE

Me duelen los dientes

y el alma

de morder el polvo.

Me duelen las heridas,

y más me duelen las armas.

Me duelen las oportunidades perdidas,

las que nos roban,

y las que nunca tienen

los que nunca tienen nada.

Me duele la rabia,

la vergüenza que les falta,

el discurso del ventrílocuo

con el estómago lleno

y las palabras vacías.

Me duele la esperanza

que intenta volar lejos de aquí

con las alas rotas.

Me duelen los celos del tiempo,

ese amante despechado

que jamás regresa.

Me duelen los huesos

de tanta lucha,

y la carne

de tanta hambre.

Me duele el espíritu,

la rutina de mi libertad,

y los pies, de —no sé por qué— tanta prisa.

Me duelen los oídos

los odios

y los dioses.

Me duelen las despedidas,

y más me duele

si no pude despedirme.

Me duele el futuro.

Me duelen las banderas,

el tráfico de sueños,

las guerras por la paz.

Me duelen los gritos que no escucho,

las muertes que no entiendo,

el baile, sin música, de las cifras.

Me duelen los dientes

y el alma,

me sangra la voz.

Me duelen los besos que no nos dimos

los golpes que sí,

y todas las horas que pasamos lejos

estando los dos

aquí.

Hoy me duele todo

porque me dueles.

Por favor,

vuelve.

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Adiós

 

Otros adioses pesan como una vida entera

el mío no

este adiós es ligero

como tus ojos de gata

como el humo de colores que suspiras

soñando siempre despierta

con ese mundo mejor.

No te voy a extrañar

ni llegaremos a ser extraños

no te voy a echar de menos

no te voy a echar

de ningún modo, quédate tranquila.

No sé cuándo nos veremos

pero pensaré en ti hasta invocarte

y cada metro será una puntada más

tejiendo la distancia con hilos de sangre.

 

Quizás me ataque la nostalgia

y me pille con la guardia baja mirando al cielo

y te eche, un poco, de menos.

A ti, la de las mil caras

todas familiarmente desconocidas

la orgullosa, la que no perdona

la dueña del relámpago

la de la sonrisa de neón

la amante.

Sí voy a extrañar tu nervio

tu electricidad

tu alegría violenta el fin de semana

tus temblores y derrumbes

también tu silencio

despiadado cuando esperas la primavera.

 

Tú.

 

Te voy a echar de menos

definitivamente.

Aunque seas la más puta cuando quieres

la menos buena

la más cruel

la de las canciones

la reina enterrada bajo la corona.

Fíjate

al final sí te voy a echar de menos

Madrid.

 

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Mundos

 

Cada persona es un mundo

y en algún lugar

feliz.

 

Con estos mismos ojos

he visto arcoíris en los de un ciego

que veía más y mejor que yo

gracias a su mirada telescópica.

He visto sombras volar hartas de besar el suelo.

He visto caer a la suerte

y cómo se levantaba deprisa, aún sangrando

con media sonrisa tímida en los labios.

He dejado un rastro de huellas en la nieve

buscando refugio en un castillo a orillas del Lago Ness.

He visto cosas que no me creo

he creado cosas que no he visto

he dejado de ver a demasiados

y a deber demasiadas cosas.

 

He conocido, viajado, estallado

he roto

he varado en personas que fueron puertos

puertas a otros mundos

no siempre tan distintos

no siempre tan distantes.

Algunas mañanas amanezco desierto

como todo el mundo, supongo

en algún lugar.

Querida Muerte:

 

Has vuelto a romper el corazón de quien más quiero

otra vez

y de sus trozos aún latiendo crecen dudas.

No sé si ya soy más cristal o piedra

pero de nuevo has roto mi nombre

y mi alma en mil pedazos.

Por aquí, sigue siendo difícil comprenderte.

Qué deuda tan salvaje

o balance desmedido

qué azar sádico

qué hija de puta eres, Muerte.

¿Qué te debemos?

que te cobras nuestra vida a dentalladas.

Eres cruel, recuerdas a una bestia herida

a un Dios recién nacido

que nada sabe lo que importa y cuesta una vida.

 

Adiós, Muerte.

Hasta la vista.

Luces de ciudad

 

Es la miseria de las grandes ciudades,

penuria y penumbra se anuncian con luz de neón

y el silencio se viste de turba

para que podamos estar solos entre tantos otros,

todos igual de distantes, pero apretados.

Quién sabe por qué voy solo al cine,

pero si he pagado por ver la película

lo mínimo es que nadie intente morirse mientras dura.

La realidad es insuperable, nos pilla con la guardia baja.

—Sonríe.

¡Zas!

Con la mano abierta,  el bofetón es de ficción.

Cierro los puños, siempre demasiado tarde,

las palomitas ruedan por el suelo.

 

De tanto respirar humo

el corazón se vuelve asfalto,

una roca dura que sólo sirve para romperse.

Ya no corre

la sangre ahora huye por las venas,

por las penas.

Cuando llueve lo veo todo más claro,

en esas ciudades reflejadas en las gotas de lluvia

puedo verme a mí, mirando hacia fuera de la burbuja.

Tan ciego como un insecto chocando contra el cristal.

 

Podría contaros las veces que sonreí hoy en el metro

sólo para ver quién se avergonzaba

quién me devolvía la sonrisa.

—Mi día bien, hice sonreír a cinco extraños.

Podría intentar verlo todo más bonito

pero tampoco quiero arriesgarme a bajar la guardia

aunque a veces un bofetón es justo lo que necesito.

 

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Foto: Lost in Translation